Al principio, M me cayó muy mal porque era evidente que solo quería estar con su abuela por la herencia. Sin embargo, mientras pasaba más tiempo con ella, fui viendo cómo cambiaba y terminé encariñándome con su personaje. La hija del medio fue quien más me agradó, ya que cuidaba a su madre por amor y no por interés, mientras que el hijo mayor solo apareció cuando ya era demasiado tarde y el menor me desagradó por aprovecharse de su propia madre.
La relación entre M y su abuela fue lo mejor de la película. Ver cómo él la acompañaba durante su enfermedad y trataba de animarla hizo que la historia fuera cada vez más emotiva. Cuando el médico dijo que la quimioterapia ya no estaba funcionando, supe que el final iba a ser muy duro.
La muerte de la abuela me hizo llorar. La escena en la que llevan ya al cementerio a sus lugares favoritos terminó de romperme el corazón. Más que una historia sobre una herencia, esta película habla sobre el tiempo que compartimos con las personas que amamos y nos recuerda que ese tiempo vale mucho más que cualquier dinero.